viernes, abril 29, 2011

Reflexiones sobre el embarazo adolescente

“Hombre necios que acusáis a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión de lo mismo que la acusáis”.
Sor Juana Inés de la Cruz

En un contexto más actual, el soneto de Sor Juana Inés de la Cruz podría ser cambiado por “hombres necios que acusáis a los jóvenes sin razón…”. Y hago esta afirmación en razón de las voces actuales que se enraízan en afirmar que la problemática sobre el embarazo adolescente es, o por falta de información, de educación sexual en los jóvenes, adolescentes y niños, o por falta de campañas de promoción del uso de preservativos y de tal o cual método anticonceptivo, o por falta de servicios de salud públicos que den pláticas sobre sexualidad, o por la intolerancia de algunos grupos para evitar que se despenalice el aborto.

Porque claro, enseñarles a los jóvenes que todo tiene un momento, que hay que esperarse al matrimonio para vivir plenamente la entrega, que la castidad es un estilo de vida que llena de satisfacciones más que de frustraciones, que la sexualidad es una vivencia en su totalidad de lo que es el ser hombre y ser mujer y no únicamente la genitalidad, que disfruten su juventud sin exponerse… esto, esto es “incorrecto, retrógrado, arcaico, fruto de una mentalidad medieval y represora”; porque claro, ¿para qué enseñarle estas ideas a los jóvenes si esto es ya imposible y no es actual ni adaptado a los tiempos vigentes que vivimos?

Inmersos en las ideologías presentes, claro que es más fácil creer en que las ideas antes mencionadas están muy pasadas de moda. Mas haciendo un análisis detenido sobre la situación del embarazo adolescente podríamos llegar a pensar que tal vez las estrategias no están siendo las más adecuadas o están siendo parciales. Lo real es que el embarazo adolescente está en aumento y las voces siguen alegando los mismos argumentos de siempre, o cada vez con mayores exigencias.

Justo ahora, nuestra vida está marcada por la ideología de que todo ha de ser más fácil para las personas, que no es necesario un esfuerzo extra para alcanzar la grandeza, sino que se accede a ella utilizando los métodos más rápidos y que impliquen menos esfuerzo. Es por ello que vemos con suma frecuencia la promesa de alcanzar metas con el mínimo empuje, desde trabajar hasta bajar de peso, todas ellas, claro está, con el augurio de alcanzar la felicidad. Al final de cuentas, ¿no es eso lo que más ansía el ser humano? Y, claro, el tema de la sexualidad no está exento de estar enmarcada en esta corriente de pensamiento. Es obvio, ¿para qué esforzarnos si ya tenemos “educación sexual”, “liberación”, métodos anticonceptivos, free & fast sex, aborto, pastilla del día siguiente? Ya no habría más que preocuparnos – bajo esta mentalidad – pues prácticamente todo está resuelto, el problema sería la actitud retrógrada de personas que se oponen a que la humanidad avance y se adapte a esta nueva realidad. Me detengo un segundo y pienso: “¿no estaremos, en verdad equivocados defendiendo lo indefendible?, ¿no estamos actuando como seres irracionales, intolerables, incapaces de adaptarnos a nuestros tiempos?, o más bien, ¿no estaré yo (bien dicen que el hablar en primera persona responsabiliza) cometiendo un error al afirmar que los jóvenes sí son capaces de vivir una castidad formadora, forjadora de carácter? Lo pienso una y otra vez, la urgencia de una realidad que exige respuesta me implora, y al final respondo: “¡no!, ¡no estoy equivocado!, ¡en verdad se puede!”.

El mundo arrastra, claro que arrastra, es por eso que es más difícil creer en que lo que se propone y mucho más cuando no existen ejemplos a los cuales admirar por la valentía, incluso, osadía de querer actuar distinto. Como padres de familia escuchamos por doquier que hay que acercarse a los hijos y hablar con ellos de sexualidad, enseñarles los métodos anticonceptivos. En la conciencia colectiva de cada padre y madre está ya la preocupación por el tema del embarazo, pero en lugar de volcar el esfuerzo en enseñarle la posibilidad de esperar, de demostrar afecto sin necesidad de genitalidad, sino ser como cuando niños, con ternura, paciencia, fortaleza y pureza, es más sencillo explicar el uso del preservativo, de las pastillas del día siguiente y rogar porque simplemente no lo hagan, o si lo hacen, al menos se “cuiden”.

En una ocasión me tocó ver en un hospital a una madre que le compró a su hijo una pelota de goma. El niño, como era de esperarse, se puso a jugar con la pelotita, pero más tardó en decidir lanzarla para divertirse que su madre en gritar: “¿para eso te lo compré?”. Esta anécdota es una alegoría de lo que sucede con la promoción del preservativo, porque se sigue creyendo que es imposible “aguantarse” a la llegada de los impulsos. Pero insisto en seguir cuestionando si en verdad dichos programas son realmente los más adecuados, porque, ¿cómo disminuir el índice de embarazos en adolescentes si les pedimos que tengan relaciones sexuales? ¡Alto!, “pero estas campañas no promocionan el tener relaciones sexuales sino el que se cuiden en caso de hacerlo, que tomen decisiones libres, que sean responsables”, dirán. ¿Qué no es acaso un argumento como el de la mamá que le dio la pelota de goma al niño? “¿Para eso te lo di?”.

Otras de las ideas inmersas – o subliminales – que tienen las campañas de promoción de prevención del embarazo adolescente, es el de conceptualizar al embarazo como un grave problema. El problema no es el embarazo, más bien, la dificultad es en el momento en que se presenta. Y esto por cuestiones médicas, psicológicas y sociales. Una mujer que se embarace a edad temprana tiene mayores riesgos, además de que la madurez psicológica y emocional aún está en desarrollo. Ahí están centenares de estudios que avalen esta afirmación (acostumbrados, como estamos ahora, a que todo tenga un lenguaje cientificista). Nuevamente esta realidad está exigiendo una respuesta, una respuesta que se está dando por medio de diversos actores dentro del ámbito de la salud, ¿pero están siendo las respuestas más adecuadas, o al menos, las más integrales?

“La fidelidad es un invento del hombre, por naturaleza no somos monógamos”, he escuchado decir a unas cuantas voces. Otro argumento más que está sumergida en las diversas campañas de prevención del embarazo adolescente. El uso de métodos de barrera trae inmersa esta ideología, porque ya no se puede confiar en que la pareja sea fiel. ¿Ni siquiera le dan una pequeña oportunidad a la fidelidad? “No, porque nunca sabes si al menos, en alguna ocasión, tu pareja estuvo con alguien más”. Por instinto no somos muchas cosas, somos los seres que nacemos menos preparados para afrontar el nuevo mundo al nacer, carecemos de instintos de sobrevivencia y venimos a ser totalmente dependientes de nuestros padres o de alguna otra persona. Ha sido la inteligencia que nos ha llevado a adaptarnos y que nos ha hecho los que “dominemos el cielo y la tierra”. A todo esto, ¿sí somos, entonces, incapaces de decidir libremente, por una sola persona?, ¿puede más nuestra llamada “naturaleza” imponerse por encima de la inteligencia que nos ha llevado a conquistar la luna? Tal parece que así fuera… o al menos, así lo creen y lo defienden.

La inseguridad y la desconfianza hacen acto de presencia. En alguna ocasión escuché la anécdota de una pareja, con ya algunos años juntos y que claro, tenían relaciones sexuales… “como todos”. Por esos momentos pasaban por una grave crisis en su relación y esto los llevó a distanciarse. Ella, lastimada por haberlo entregado todo y sentir que él no le daba la importancia a su relación, decidió tomar un viaje para pensar, valorarse de nueva cuenta, reencontrarse. Pero también se encontró con otro hombre: maduro, adulto, líder, triunfante; que consoló su momento de dolor emocional. Su pareja, con aquella con la que se encontraba distanciada, volvió a buscarla y la halló. Ella, en un dejo de sinceridad le contó de aquel en quien encontró desahogo. Él, sorprendido y confuso alcanzó a preguntar: “¿te acostaste con él?”. Ojalá y ésta fuera una simple historia ficticia, producto de la imaginación de algún escritor que haya un bálsamo sanador en las letras que escribe. Pero no lo es, es un suceso real. La duda y la suspicacia son ahora actores principales. Ya no se pregunta: “¿lo amas?”, sino todo queda en un “¿te acostaste con él/ella? ¿En verdad se puede construir una sociedad con base en la incertidumbre, vacilación y el titubeo? ¿Relaciones de pareja donde la confianza y el compromiso están ausentes? Y, esto, aún más, extrapolado a todo tipo de relación social. Tal vez sí… o tal vez no.

La igualdad de sexos… perdón, ya cambió, ahora es “equidad de género”, es otra idea incluida en las campañas. Liberar a la mujer de la esclavitud que ha representado estar subyugada al régimen machista. Si el hombre trabaja, la mujer también habría de salir de las casas e incorporarse al mercado laboral: ¡excelente! Si el hombre es un líder, la mujer también podría ocupar cargos directivos: ¡maravilloso! Si el hombre estudia y se prepara, la mujer también es capaz de alcanzar altos grados académicos: ¡estupendo! Si el hombre no se embaraza, la mujer no tiene por qué cargar con tal “estorbo”: ¿uh? Si el hombre se inicia en la actividad sexual desde pequeños impulsados por sus padres, la mujer también habrían que quitarse los tapujos y experimentar desde que ocurran cambios en sus cuerpos: ¿perdón? Si el hombre tiene muchos encuentros sexuales y va de cama en cama, la mujer no puede permitir quedarse atrás y habrá de ejercer sus derechos: ¿mande? No, no son simples berrinches machistas ni alegatos vetustos, es la reflexión acerca del buscar imitar en todo aquello que el hombre (macho, masculino, varón) ha realizado, “en la salud y en la enfermedad”. Así como se ha logrado reeducar al hombre para que haga consciencia en la necesidad de ayudar (¿imitar?) a las mujeres en casa, a involucrarse en la educación de los hijos, a vivir y experimentar las emociones sanamente, a buscar por medios diferentes a la violencia la solución de los conflictos, ¿no serán capaces también de aprender la responsabilidad, el compromiso con la pareja, la unión, la entrega, la fortaleza y demás virtudes en las que las mujeres han destacado a lo largo de los siglos? ¿O es que los hombres nunca van a cambiar?, y si no cambian, ¿cómo se ha logrado que poco a poco se involucren en actividades que sólo estaban destinadas a las mujeres? ¿O es que no es viable, posible o redituable esa vía? ¿Siquiera la tienen como opción, o nuevamente son sólo ideas románticas?

Hace algunos años me enteré de una campaña que se realiza en Uganda, en África, como medida para la prevención y disminución de los contagios del SIDA. ¿Su nombre? ABC, abstain, be faithful & condomise (abstención, fidelidad y uso del condón). Por un lado, leí y escuché voces de elogio que afirmaban que esta estrategia estaba dando resultados sumamente significativos, disminuyendo los índices de contagios; y por otro, que fue un completo fracaso y que lo único que en verdad funcionó fue la promoción del uso del preservativo. ¿A quién creerle? Al fin de cuentas la manipulación de información no es algo de lo que, desgraciadamente, podemos escapar. La invitación de esta estrategia, más allá de las divisiones o de las contradicciones en los reportes, es “la unión hace la fuerza”, ¿o mejor que cada quien siga peleando la batalla a su manera, llamando a la dicotomía y al veto del grupo contrario? Tal parece que la consigna es la de seguir dividiéndonos más.

¿A dónde van todas estas reflexiones? A hacer notar que sí es posible lo que se afirma que es imposible… o al menos, a que habría que considerarlo como parte integral de las voces que se alzan buscando prevenir el embarazo adolescente. Dejar atrás la demagogia. Me he puesto de pie ante ustedes como un simple mortal más, un pensador, un filósofo, un opinante, un articulista, un profesionista psicólogo, un lector empedernido de lo que caiga en mis manos, hombre de carne y hueso, con virtudes y defectos, pero preocupado por una realidad que salta a la vista. Quizá, simplemente no me he acostumbrado y aún tengo esperanza.

Todas estas ideas no son simplemente pensamientos fascistas, originados de un adoctrinamiento, son fruto de lecciones, de reflexiones, de lecturas (de “a”, “b” y “c” postura), de dudas, de cuestionamientos, de anécdotas, de historias, y claro, de mi experiencia personal, de un camino (como el de muchos) a encontrar respuestas y, lo que todos queremos, felicidad. Y yo la he encontrado en estos medios y por eso es que me he atrevido a escribir todas estas ideas que se agolpaban en mis pensamientos y clamaban por salir.

Escribir sobre sexualidad cuestionando lo políticamente correcto, con cierta inclinación hacia una postura que se ha tachado de torpe, de primitiva, implica ciertos riesgos. Hoy me he atrevido a asumirlos como nunca antes. Sé que muchas personas no estarán para nada de acuerdo conmigo, mas mi intención en ningún momento es imponer, sino llevar a una reflexión incluyente, al menos, volver a voltear a ver opciones que se han tildado de torpes únicamente porque ya se tiene la convicción de que, en estos tiempos, es imposible; o simplemente porque son afines a las ideas de tal o cual religión. Para ello, también hay que hacer caso de las voces de jóvenes que piden un sustento en las afirmaciones, no sólo repetir por tradición. Hay bases, sólo es perder el miedo a formarse y a prepararse. Mi intención es abrir la posibilidad, el debate, la reflexión. Y si me han de criticar, que así sea, al fin que “lo escrito, escrito está”.